Archivos por Etiqueta: La Vanguardia

JOSÉ MARTÍ GÓMEZ, maestro de reporteros

4 oct

“A la gente le encanta que le cuenten historias, y la calle está llena de historias”

José Martí Gómez

FERNANDO GARCÍA

Caminando por Barcelona al reportero le llama la atención una joven sentada en un portal junto a un cartón escrito para pedir limosna. Bien vestida, con poco más de veinte años de edad, el pelo cuidado y una mirada dulce, su agradable aspecto parece más de una universitaria que acaba de salir de clase que de una mendiga. La chica despierta el resorte periodístico del veterano. “El clic”, lo llama él. Le gustaría sentarse a su lado y preguntarle por sus cosas. ¿Cómo se llama? ¿Qué le ha conducido a mendigar en la calle? ¿Cómo ha sido su vida hasta ahora? ¿Qué hace en un día cualquiera? El reportero José Martí Gómez (nacido en 1937 en Morella, Castellón) ejerce el periodismo desde 1966.

Martí Gómez se acostumbró con Enric González -“uno de mis héroes personales” dice éste, a tomar un dry martini en Boadas al salir de la tertulia de Radio Barcelona. Echa de menos esos encuentros. Ahora Enric es corresponsal de El País en Jerusalén y habla desde allí los lunes con Martí Gómez. Unos cacahuetes ayudan a trasegar el cocktail que prepara la propietaria. A mí me tiembla el pulso y casi derramo la bebida. A Martí Gómez no se le cae ni una gota.

“Martí Gomez es uno de mis héroes personales”, Enric González

Cumplidos los 74 años, Martí Gómez sigue en activo. Los fines de semana interviene en la SER. Hasta hace un par de años, los domingos seguía al Espanyol para escribir su particular crónica, que La Vanguardia publicaba los martes. De vez en cuando, realiza una entrevista o escribe un reportaje. Sin olvidar el libro de recuerdos que está ultimando, donde seguro que aparece Sara Montiel, de quien, aunque redactó sus memorias, habla con admiración.

Para entrar en la radio espera pacientemente el aviso de los técnicos. No entiende cómo puede haber tertulianos que hablen a favor o en contra, según se precise. Martí Gómez prepara su intervención de cinco o seis minutos como si se tratara de un reportaje. Para escribir los folios que lee en el programa contrasta la información con tres o cuatro personas. Es tan meticuloso de periodista como de fumador de toscanos. Los apaga en la puerta antes de entrar y los guarda en cualquier escondite para retomarlo cuando regresa a la calle.

Es tan meticuloso de periodista como de fumador de toscanos

Los miércoles asiste a la tertulia de la lamentable penya, un grupo heterogéneo de personas entre los que se encuentra un albañil, un chocolatero, un poeta, una fotógrafa y algunos periodistas. La reunión se celebra en el reservado de C’Al Estevet, restaurante del Raval. Unos magníficos mejillones pueden servir para abrir la tertulia. El camarero, que trae vino del Penedés, es forofo del Espanyol. A Martí Gómez, otro periquito, lo trata con especial deferencia.

“Yo también fui mileurista. Lo que ocurre es que en aquella época si te esforzabas, si tenías suerte, si trabajabas, la situación podía cambiar. Tenías unas perspectivas de futuro. Y eso hoy en día se ha roto. Ahora, no faltan buenos profesionales, hay gente joven muy válida, pero no hay una industria que potencie a esa gente”.

Al salir de C’Al Estevet, Albert Sáez, director adjunto de El Periódico, hace una ligera reverencia mientras le estrecha la mano. “Mestre”, dice ceremonioso y sincero. No es la primera vez que presencio ese saludo. En otra ocasión, entró Ramón Besa, responsable de deportes de El País en Barcelona, al restaurante donde almorzábamos con Martí Gómez. Me sorprendió porque también se refirió a él como “maestro” mientras le saludaba con cariño. Martí Gómez me explica que fue presidente del Consell Assesor de Contingut i Programació, dependiente de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuales. “Dimití porque me di cuenta desde el tercer dia de que no servia para nada”. Albert Sáez, que también fue miembro del Consell Assesor “estuvo unos meses más”. La conversación es ligera, pero en pocos minutos repasan los asuntos esenciales de un tiempo que no es bueno para los periodistas.

“Quizá sobrevivan más los pequeños diarios locales que no los grandes diarios”

“Cierran diarios en todos los sitios. El papel está condenado. ¿Sobrevivirá en el futuro una empresa periodística digital? ¿Tendrá publicidad para pagar a corresponsales y enviados especiales o se tenderá a un periodismo de becarios mal pagados y agencias? Ese es el problema que tendrán que afrontar las empresas. En España, está el Grupo Correo, La Vanguardia, Voz de Galicia, Prisa… Quizá sobrevivan más los pequeños diarios locales que no los grandes diarios”, me explica mientras tomamos café en el Zurich de la Plaza de Cataluña. El camarero también es del Espanyol. Hoy he conocido a “los dos camareros del Espanyol que hay en Barcelona”.

Gran parte de la biografía periodística de Martí Gómez se puede localizar en las Ramblas. El Correo, que fue su escuela, tenía allí la redacción. “La calle es la vida. Historias de vidas. Contar historias de vida. A la gente le encanta que le cuenten historias, y la calle está llena de historias”.

“Cuando empecé en El Correo Catalán había un subdirector que pegaba unas broncas tremendas. Si el tema era algo conflictivo, lo corregía él personalmente. Hacía que lo volvieras a escribir. Roselló, que era el director de aquella época, decía: “Cuando escribas un reportaje o una crónica, vuélvela a leer y si a ti te aburre, vuelve a escribirla porque el lector también se aburrirá. En las redacciones de periódicos, que son las que yo conozco, hay una falta tremenda de mestratge (maestría), de jefes intermedios que sepan dirigir, que sepan corregir”.

Martí Gómez cuenta muy bien las historias. Con el toscano en los labios, recrea el ambiente e incorpora los diálogos con naturalidad. Las frases fluyen construyendo un excelente relato. Como al recodar la entrevista que realizó, con Josep Ramoneda, a Graham Greene. Hacían entrevistas a cuatro manos y consiguieron que Greene, próximo a los 75, que solo daba un par de entrevistas al año, les recibiera.

“¿Quieren beber lo mismo que Graham Greene?”, preguntó el maître de Chez Félix

“A veces la casualidad ayuda. Cenando con un abogado me preguntó si profesionalmente había algo que no hubiera conseguido. Le respondí que había intentado varias veces entrevistar a Graham Greene, que era uno de mis novelistas preferidos, pero que no lo había logrado. El abogado me respondió que intentaría ayudarme con la entrevista porque era amigo de un amigo que tenía un amigo que se emborrachaba con el escritor todas las noches. Pasados tres o cuatro meses, recibí una carta donde Greene decía que emborrachándose con un amigo que a su vez era amigo de un amigo mío, le había pedido que le concediera una entrevista. Y, aunque ya no daba entrevistas, como la palabra de un borracho era sagrada, y se lo había prometido a mi amigo, podíamos ir a entrevistarle”.

Ramoneda y Martí Gómez publicaron la entrevista en El País Semanal en mayo de 1979. La conversación arrancaba con una explicación de Greene sobre por qué había elegido Francia para vivir. “Siempre pensé acabar mi vida en Francia por dos buenas razones: por su buen pan y sus extraordinarios vinos”.

“Greene estuvo encantador. Nos dedicó todo el tiempo que necesitamos. No nos pudo acompañar a cenar, pero nos recomendó el restaurante Chez Félix, donde iba siempre. Cuando el maître nos preguntó qué queríamos para cenar, respondimos que lo mismo que cenaba habitualmente mister Greene. Y nos respondió: ¿Y beber, quieren beber lo mismo?”.

“Sabía que aquella entrevista no iba a venderla a nadie, salvo a mí mismo, pero son ese tipo de placeres los que enriquecen la vida del periodista”

Eran otros tiempos, con menos prisas, sin Internet ni móviles. Para conseguir entrevistas, Martí Gómez recuerda que visitaba los hoteles para ver quién se hospedaba. “Eso ya no se hace ahora”. Tampoco muchos periodistas pueden permitirse pasar una mañana hablando con alguien si saben que la conversación no será publicada. En un artículo en la revista Foc Nou en 2009, Martí Gómez recordaba una conversación que no se había publicado en su día. “Trabajando en Londres, una mañana de primavera de 1990 me di el gustazo de pasarla conversando con John Wilkins en su despacho de “The Tablet”. Sabía que aquella entrevista no iba a venderla a nadie, salvo a mí mismo, pero son ese tipo de placeres los que enriquecen la vida del periodista”. Había guardado el material durante 29 años.

Le pregunto por lo que encuentra en los periódicos. “El País publica una doble donde podrían aparecer unas buenas historias. Las lees y son frías, no hay calle. He hablado con fulano… No se palpa el sudor, la angustia, el humor, el calor de la calle. Están bien documentadas, pero hay una frialdad de Internet. No son reportajes vividos. En El País del domingo (se refiere al cuadernillo) aún se encuentra algún reportaje. Los dominicales han acabado siendo una mierda”.

“Iba al palacio de justicia, me sentaba en la sala al final, escuchaba las historias y las explicaba”

Como ha refrescado, el camarero del Espanyol nos ofrece un altillo del Zurich donde estaremos mejor que en la terraza. “Siempre huí de la versión oficial. Siempre busqué más el contraste de las historias de vida. Iba al palacio de justicia, me sentaba en la sala al final, escuchaba las historias y las explicaba. La cosa cambia cuando las historias van saliendo en el periódico y te llaman los abogados. Una vez, el magistrado Carretero, que era muy progresista, me preguntó si yo era Martí Gómez. Le respondí que sí y él me dijo: “Tú no tienes ni puta idea de derecho, ¿verdad? Sorprendido, le contesté que no, que no tenía ni idea. “Por eso tus crónicas están muy bien”. Y se marchó. A raíz de ese encuentro estudié criminología y derecho. Y la jodí. Al cabo de dos años, el magistrado me preguntó si sabía ya de derecho. Le dije que había estudiado un poco. “Claro, por eso ahora tus crónicas no valen nada”. Lo que le interesaba de mí era la frescura. Cuando empecé a escribir citando artículos del código penal, ya no le interesaba porque sabía mucho más que yo”.

A comienzos de 2011 los de la “lamentable penya” decidieron abrir un sitio en Internet para mostrar su cabreo*.

-¿Lamentable.org es una experiencia realizada por seniors?
- Senior, sí senior.

Tras una pausa, en sus ojos aparece un brillo que acompaña a un gesto corporal que delata la satisfacción de alguien que va a comenzar a contar una historia: “La gracia es que en un grupo de catorce solo hay cuatro periodistas. Pero todos estábamos de acuerdo en una indignación que un mes después reflejó el 15M. Es un blog abierto que se nutría de muchas colaboraciones siempre que nos merecieran credibilidad”.

*En Lamentable.org tomaron las vacaciones de verano. Al comienzo del otoño la página no tiene actividad.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.